Voces de los Santos

Cuando me bauticé en el 2023, jamás imaginé que serviría en una misión. La incertidumbre me inquietaba y no veía cómo encajaba en mi vida. Pero el 21 de marzo de 2024, el Espíritu Santo me habló con claridad: 'Ve a la misión'. Me costó aceptarlo, lloré, pero finalmente entendí que era mi llamado. Hoy, sé que esta decisión ha transformado mi vida para siempre.
Después de dos años sirviendo en la Misión España Barcelona, me preparo para regresar a casa con un corazón transformado. Pensaba que la misión sería un paréntesis en mi vida, pero ahora entiendo que ha sido una parte esencial de mi crecimiento. He aprendido que la verdadera felicidad nace de la obediencia y el amor a Dios, y que la misión no es solo un periodo de servicio, sino una preparación para toda la vida.
La emoción y el sentimiento se hicieron presentes en una tarde inolvidable en A Coruña, donde miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y antiguos misioneros se reunieron para conmemorar el cincuentenario de la dedicación de la ciudad. En un ambiente de gratitud y fraternidad, los asistentes revivieron historias, compartieron testimonios y celebraron la expansión del Evangelio en esta tierra gallega.
Miembros y misioneros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días acudieron a San Mateo de Gállego, Zaragoza, para prestar servicio a un matrimonio mayor en tiempos de dificultad. Con herramientas en mano y corazones dispuestos, restauraron los jardines y el garaje de la vivienda, dejando una huella de amor y solidaridad.
Mi vida ha estado profundamente marcada por mi fe en el Evangelio de Jesucristo. A través del servicio, el aprendizaje y la búsqueda de mis raíces, he fortalecido mi testimonio y encontrado innumerables bendiciones en el camino.
De 1994 a 2002, Sergio Flores Godoy, junto a sus consejeros Miguel Millán y Ángel del Solar, lideró con dedicación el Distrito de Zaragoza, dejando una huella imborrable en la vida de muchos Santos. Su servicio fiel, respaldado por sus esposas, fortaleció comunidades y expandió el evangelio en la región.
La preparación para visitar el templo es parte de la experiencia espiritual: pensamientos positivos, oración, estudio de las escrituras. Pero al llegar, la verdadera paz envuelve el alma, haciendo del templo un refugio celestial.
Como estudiante de arquitectura en intercambio en Zaragoza, tuve la oportunidad de viajar con otros jóvenes adultos al Templo de Madrid. En medio de la distancia y la nostalgia, encontré un refugio inesperado de paz y renovación.
Nunca imaginé que la misión de tiempo completo sería un viaje profundo en el que, además de ayudar a los otros a venir a Cristo, encontraría mi camino hacia Él. Sabía que era una experiencia grandiosa, pero nunca anticipé los desafíos y bendiciones que marcarían mi vida para siempre.
El llamado a servir como Patriarca llegó de forma inesperada, acompañado de sentimientos de insuficiencia y dudas. Sin embargo, a lo largo de diez años de experiencias y aprendizajes, descubrí que esta responsabilidad no solo transforma vidas, sino que también enriquece profundamente la fe y el amor hacia los demás.
Desde el primer momento en que sentí el Espíritu impulsándome a servir, supe que debía embarcarme en una misión de tiempo completo. Sin expectativas ni destinos preferidos, me aventuré a las Islas Canarias entre 1992 y 1993, un periodo que transformó mi vida para siempre.
Dejar atrás el temor y abrazar la fe ha sido el mayor aprendizaje de mi vida como misionero. Sirviendo en la misión Barcelona, España, he descubierto que confiar plenamente en Cristo transforma no solo nuestras perspectivas, sino también la manera en que vivimos y amamos a los demás.