La visita al Templo, realizada el pasado mes de noviembre, reunió a todas las organizaciones del Barrio [1]Valencia 3 —incluida la Primaria— y se convirtió en una oportunidad preciosa para que niños, jóvenes y adultos compartieran una experiencia edificante como comunidad. La presidenta de la Primaria preparó actividades especiales para que los más pequeños pudieran disfrutar del Templo de manera significativa. Los niños colorearon dibujos, trabajaron con sus libros de las Escrituras y disfrutaron de un tiempo de juego en el parque cercano. Lo más especial fue el recorrido por los jardines, donde las vidrieras sirvieron de marco para que la presidenta les explicara con cariño los tres grados de gloria.
Para muchos era su primera visita al Templo, lo que hizo que la emoción de compartir ese momento fuera aún más palpable. Sus padres lo agradecieron profundamente. Varios matrimonios entraron juntos a la Casa del Señor, lo que añadió un toque aún más especial a la experiencia.
El domingo siguiente, que era de ayuno y testimonios, el obispo Otavio Vianna compartió sus sentimientos sobre el viaje. Relató cómo el Templo había sido para él un refugio, un lugar donde dejar atrás las preocupaciones del mundo y centrar su corazón en el Salvador. También explicó cómo todo se había organizado con esmero: desde el alquiler del autobús, lleno de familias y jóvenes, hasta las entrevistas para las recomendaciones, que se realizaron sin mayores dificultades.
[1] Barrio: congregación local formada por un grupo de miembros que viven dentro de un área geográfica específica.
Sin embargo, todavía quedaban por imprimir algunas recomendaciones de los jóvenes, algo que estaba previsto hacer en la impresora de la recepción del hostal del Templo. Al descubrir que esta ya no estaba disponible, al obispo le invadió una lógica preocupación: la sesión en el baptisterio comenzaba en cinco minutos. Envió a los jóvenes hacia la puerta del baptisterio mientras buscaba una solución. Gracias a la amabilidad de los obreros del Templo, pudo acceder a una oficina, usar un ordenador e imprimir lo necesario. Al saber que el grupo completo podría entrar, sintió un gran alivio. Entre tanto, los jóvenes intentaban localizarlo sin éxito. Cuando entró en el ascensor para reunirse con ellos, aún cargaba con la tensión del momento. En ese instante, un hermano —sin saber lo ocurrido— se acercó, le miró a los ojos y le dijo emocionado: “Gracias, hermano, por todo ese esfuerzo que has hecho para venir y participar en las ordenanzas del Templo”. Aquellas palabras disiparon todo el estrés y le recordaron la paz de la Casa del Señor.
Tras casi cuatro horas de bautismos, todos regresaron fortalecidos. La experiencia dejó una huella profunda en el barrio, tanto que en marzo volverán a viajar al Templo de Madrid.