En 2026, celebramos el centenario de los Institutos de Religión[1]. Lo que comenzó en 1926 con un solo centro en Moscow, Idaho, es hoy una obra global que bendice la vida al ayudar a cientos de miles de jóvenes adultos a acercarse a Jesucristo en más de 170 países.
Este centenario no es solo una mirada al pasado; es una invitación viva y vigente al presente: una llamada a reconocer que, hoy más que nunca, el Instituto sigue siendo una fuente de conversión profunda, al acercar a los jóvenes a Jesucristo y a Su Evangelio.
Durante estos cien años, el Instituto ha ayudado a generaciones de jóvenes adultos a fortalecer su conversión al Salvador. El propósito no es solo la adquisición de conocimiento, sino el desarrollo de un discipulado resiliente, capaz de vivir el Evangelio en un mundo cada vez más cambiante.
[1] El Instituto de Religión es un programa educativo internacional de la Iglesia que ofrece formación teológica y un espacio de socialización para jóvenes de entre 18 y 35 años, de forma complementaria a sus estudios universitarios o laborales.
A lo largo del tiempo, el Instituto ha sabido adaptarse a diferentes culturas, estilos de aprendizaje y realidades sociales, manteniendo siempre a Jesucristo como su centro. Hoy, esa misma misión continúa: ayudar a cada joven adulto a comprender su identidad divina y su propósito eterno, y a encontrar gozo duradero en Cristo y en Su Evangelio.
Quienes participan en el Instituto experimentan algo más que meras clases: encuentran respuestas a sus dudas, fortalecen su fe y desarrollan una relación personal con el Salvador que transforma su vida diaria.
En los últimos años, el Instituto ha experimentado un crecimiento extraordinario. La reciente incorporación de más de 100 000 jóvenes adultos ha revertido las tendencias previas, alcanzando hoy cifras sin precedentes. No obstante, lo más significativo no es solo el número, sino lo que representa: una generación sedienta de fe, de comunidad y de propósito.
Hoy, jóvenes adultos de todo el mundo se congregan para estudiar el Evangelio de Jesucristo, fortalecer amistades fundadas en la fe, servir al prójimo y elevar a los demás. Además, este crecimiento es impulsado por una poderosa cultura de invitación. Decenas de miles de amigos —incluyendo aquellos de otras tradiciones religiosas— participan ya en el Instituto, descubriendo por sí mismos el valor de esta experiencia.
Por primera vez en la historia, el número combinado de alumnos de Seminario e Instituto ha superado el millón. Este logro no es simplemente una cifra; es un testimonio del cumplimiento de promesas proféticas y del poder del Evangelio para reunir a los hijos de Dios.
Cada uno de esos “uno en un millón” representa una vida tocada, una fe fortalecida y un discípulo en proceso de convertirse plenamente a Jesucristo.
El mensaje central de esta celebración es profundamente personal: “Sé UNO en un millón”.
El Instituto no es solo un programa, sino un espacio en el que cada joven adulto puede encontrar identidad en Cristo y sentido de pertenencia. Hay un lugar para todos. Ya sea en grandes universidades, en pequeños barrios o en entornos en línea, el Instituto ofrece espacios donde los jóvenes pueden reunirse, aprender y crecer espiritualmente.
Ya sea que estén preparándose para una misión, iniciando una carrera, recién casados o en busca de dirección espiritual, todos tienen una oportunidad única de formar parte de esta obra y contribuir a una comunidad que está creciendo en fe y unidad.
El crecimiento del Instituto no es casualidad; es el resultado de enfocarse plenamente en compartir el Evangelio.
Una de las formas más sencillas y poderosas de participar en esta obra es invitar a alguien. La experiencia ha demostrado que muchos jóvenes llegan al Instituto porque alguien cercano les extendió una invitación sincera. Invitar a un amigo no solo puede cambiar su vida, sino que también puede fortalecer la nuestra. Es una forma práctica de vivir el discipulado y de compartir lo que amamos.
Esta campaña nos recuerda que el objetivo final no es solo alcanzar una cifra, sino llegar a ser uno en Cristo. Cada alumno es parte de algo mayor: una comunidad global unida por la fe en Jesucristo. El verdadero milagro no es el número, sino la conversión individual de cada corazón.
Mirando al futuro, el centenario del Instituto no marca un final, sino un nuevo comienzo. Es una oportunidad para renovar nuestro compromiso con el estudio del Evangelio y con el discipulado activo. Así, el Instituto seguirá siendo un lugar donde se fortalecen testimonios, se crean amistades eternas, se preparan líderes del futuro y se vive el Evangelio de manera real y relevante.
Hoy, la invitación es clara: forma parte, invita y participa. Sé UNO en un millón. Porque en esta gran obra, cada uno cuenta; y en Cristo, todos llegamos a ser uno.