Mensaje de los líderes del Área

RECIBÍ, POR TANTO, INSTRUCCIÓN

A medida que nuestras bandejas de correo, teléfonos, ordenadores y vida se inundan cada vez más de información, me siento agradecido por el hecho de que los profetas nos recuerden que debo ayudar a mis seres queridos a aumentar su comprensión y sabiduría.

image
Élder James W. McConkie III

Con frecuencia, repito y personalizo en la mente las palabras de Nefi que se encuentran al principio del Libro de Mormón: “Yo, [James], nací de buenos padres”[1]. Esas palabras me recuerdan las bendiciones que disfruto gracias a mis excepcionales padres, James Wilson y Judith Evelyn McConkie.

Al meditar más recientemente en mis bendiciones parentales, he añadido a mi declamación silenciosa las cuatro palabras siguientes de ese primer versículo de Nefi. Esas palabras son “recibí, por tanto, […] instrucción”[2].

¿Por qué Nefi se sentía bendecido por “buenos” padres? Porque Lehi y Saríah le habían enseñado cosas como de dónde venía, cómo surcar las dificultades de la vida y la naturaleza de la sabiduría y el amor de Dios[3]. Ese sentimiento de gratitud de Nefi por las cosas que sus padres le habían contado lo condujo a escribir “la historia de los hechos de [su] vida”[4]. ¡Y todo esto se encuentra solamente en el primer versículo del Libro de Mormón!

A lo largo de mi vida, mis padres también me han enseñado. Cuando cumplí doce años, me dieron un nuevo ejemplar de las Escrituras y varios libros sobre las doctrinas de la Restauración y su historia. Empecé a leer y, con la invitación y un poco de ánimo por parte de mis padres, me sentaba cada domingo por la tarde con uno de ellos, o con los dos, para analizar y procesar todo lo que estaba consumiendo y meditando. Al igual que Nefi, aprendí acerca de dónde vine, la mejor manera de surcar los desafíos de la vida y la naturaleza de la sabiduría y el amor de Dios. Aprendí también acerca de la historia de la Iglesia y cómo podía mejorar mi experiencia vital y fortalecer mi testimonio como miembro de la Iglesia en mi juventud. De alguna manera, descubrimos algo acerca de Jesucristo en cada una de nuestras conversaciones.

A veces, esas sesiones dominicales pasaban de ser un estudio del Evangelio a una conversación sobre mis amigos, trabajos, relaciones o estudios. Mis padres escuchaban mucho —los buenos maestros suelen hacerlo—, pero a lo largo de todo ese proceso, yo aprendía.

image

Es posible que, más que la información que absorbí, tuviera más importancia la manera en que mis padres me ayudaron a comprender e interiorizar lo que estaba aprendiendo. Cuando vuelvo la vista atrás a esa experiencia y veo cómo se repite en la vida de mis propios hijos, la parte más valiosa de esas sesiones de estudio dominicales fue aprender a comprender. Al transmitirnos esa habilidad a mí y a mis hermanos, mis padres aceptaron la invitación que el Señor hizo a los padres en Doctrina y Convenios 68:25: que “enseñ[ara]n [a sus hijos] a comprender la doctrina”, no solo a consumirla (cursiva agregada). Ahora me doy cuenta de que comprender no es lo mismo que recopilar información; comprender es volverse más sabio, y la sabiduría es lo que Dios quiere para cada uno de Sus hijos.

En su primer discurso al mundo como apóstol y sumo sacerdote presidente del Señor, el presidente Oaks afirmó que la familia, en cualquier formato en la que la experimentemos, es un lugar de aprendizaje único y con la máxima influencia[5]. Utilizó palabras como enseñar, educar, ejemplo, juntos, tiempo, demostrar, prometer, emular, amor, paciencia y unidad para describir las muchas maneras distintas en las que un padre o una madre puede enseñar, y un hijo puede aprender[6]. “Los Santos de los Últimos Días aún tienen”, explicó, “la responsabilidad que Dios les ha encomendado de enseñar a sus hijos a prepararse para nuestro destino familiar en la eternidad (véase Doctrina y Convenios 68:25)⁠”[7]. Y confirmó la invitación que el Señor hace a los padres a ayudar a sus hijos a aprender a comprender.

A medida que nuestras bandejas de correo, teléfonos, ordenadores y vida se inundan cada vez más de información, me siento agradecido por el hecho de que los profetas nos recuerden que debo ayudar a mis seres queridos a aumentar su comprensión y sabiduría.


[1] 1 Nefi 1:1.

[2] Ídem.

[3] Véase, por ejemplo, ese mismo versículo. (Fijémonos en que a Nefi se le enseñó acerca de “la ciencia de [su] padre” (de dónde venía), algo sobre las “aflicciones” (cómo surcar las dificultades de la vida) y “la bondad y los misterios de Dios” (la naturaleza de la sabiduría y el amor de Dios)).  

[4] Ídem.

[5] Presidente Dallin H. Oaks, “El Evangelio de Jesucristo centrado en la familia”, Liahona, noviembre de 2025.

[6] Ídem.

[7] Ídem, párrafo 11.