Voces de los Santos

Instituto: una llama que no se apaga

Tres líderes en el estrado, un mismo origen: el Instituto. Lo que comenzó como un programa de estudio se ha convertido, para miles de jóvenes, en el cimiento de una vida de servicio y fe.

Alumnos de Instituto celebran el primer centenario de los Institutos de Religión de la Iglesia. Ninoska García Paz
Instituto: una llama que no se apaga Alumnos de Instituto celebran el primer centenario de los Institutos de Religión de la Iglesia.

Hace poco, mientras asistía a una conferencia en Alicante y observaba a la presidencia de la Estaca de Elche[1] en el estrado —tres líderes espirituales, dedicados y ejemplares— acudió a mi memoria un recuerdo entrañable: los tres habían sido alumnos del Instituto. No solo se graduaron, sino que, sin excepción, destacaron durante su formación como alumnos extraordinarios.

Al escucharlos, pude percibir cómo el estudio constante de las Escrituras ha dejado una profunda huella en ellos y cómo la influencia del Salvador a través del Instituto[2] sigue viva en su manera de servir, de enseñar, de liderar y de cuidar a sus familias.

Esta experiencia confirmó, una vez más, que este programa inspirado posee la capacidad no solo de transformarnos, sino de prepararnos para servir dondequiera que el Señor lo requiera.

 

 


[1] Una estaca es una unidad administrativa y territorial de la Iglesia que agrupa a varias congregaciones locales (llamadas barrios y ramas) de una misma región, de manera similar a lo que representa una diócesis en otras tradiciones cristianas.

[2] El Instituto de Religión es un programa educativo internacional de la Iglesia que ofrece formación teológica y un espacio de socialización para jóvenes de entre 18 y 35 años, de forma complementaria a sus estudios universitarios o laborales.

Instituto: una llama que no se apaga Ninoska García Paz
Instituto: una llama que no se apaga Alumnos de Instituto del Barrio Zaragoza, después de una clase.

De las muchas experiencias maravillosas vividas durante mis años como maestro en el Sistema Educativo de la Iglesia, hay una que, al recordarla, me inspira profunda gratitud. Ocurrió durante la pandemia, en las clases del programa Instituto sin Fronteras. Comparto a continuación un resumen del audio enviado por una alumna de Argentina, inscrita en uno de los cursos, cuyo mensaje resulta especialmente conmovedor:

“Hola, profesor Manuel. Buen día. 

Quería disculparme por no entregar las tareas ni asistir a las clases. Este último mes y medio ha sido muy duro para mí: he perdido a varios familiares por el COVID y otros siguen internados. Ha sido un golpe tras otro y, aunque conozco el Plan de Salvación, duele mucho y me ha costado concentrarme.

Aun así, mi fe y mi optimismo siguen firmes. He visto algunos videos y he intentado mantenerme al día, pero la tristeza de no volver a ver a quienes más amaba me ha afectado profundamente.

Le quería pedir, por favor, si pudiera enviarme los enlaces de todas las clases. Me comprometo a enviarle cada día un audio o un mensaje por cada video que vea. Desde la semana que viene, me comprometo a dar el 100% y estar presente en clase.

Muchas gracias por su paciencia. Aunque no siempre estoy, leo los discursos y las clases, y me ayudan cada día.

Le mando un abrazo y que tenga un buen día, profesor. Muchas gracias por todo.”

Esta alumna –único miembro de la Iglesia en su familia– es un ejemplo de la fortaleza y el consuelo que pueden provenir de las Escrituras, especialmente cuando se estudian de manera estructurada mediante los programas inspirados de la Iglesia. Su testimonio, forjado en medio de la adversidad, es una muestra viva del propósito esencial del Instituto[1].

Porque, al final, el Instituto no es solo un programa: es un legado que posee la capacidad de ayudarnos a cambiar y acercarnos más a Jesucristo, transformar vidas y preparar corazones para servir donde el Señor los necesite. Si hoy vemos líderes firmes y discípulos valientes, es porque, hace cien años, alguien creyó en el poder de las Escrituras. Y esa persona tenía razón.

 

 


[1] El Instituto de Religión es un programa educativo internacional de la Iglesia que ofrece formación teológica y un espacio de socialización para jóvenes de entre 18 y 35 años, de forma complementaria a sus estudios universitarios o laborales.