Mensaje de los líderes de Área

El poder de nuestro testimonio

Es esencial detenernos de vez en cuando y hacernos algunas preguntas importantes: ¿Dónde me encuentro en el plan de redención? ¿En qué aspectos todavía me falta entendimiento? ¿Qué necesito que me aporte Jesucristo para obtener este entendimiento? ¿De qué debo comenzar a arrepentirme de forma inmediata?

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Élder Thomas Hengst, Alemania Setenta de Área, Área Europa Central

Hace varios meses, miles de personas visitaron el estand de nuestra Iglesia en la Feria del Libro de Fráncfort donde tuvieron la oportunidad de aprender acerca del Libro de Mormón, leerlo y hablar de sus impresiones al respecto. Al otro lado del estand, multitud de visitantes pudieron experimentar la historia familiar por sí mismos y se asombraron ante la magnitud de la obra de FamilySearch.

Después de informarse, muchos visitantes me preguntaron: ¿Por qué hacéis todo esto?

Como resultado entablamos profundas conversaciones acerca del Evangelio de Jesucristo y el plan de redención. Estas conversaciones me dejaron de nuevo muy claras varias cosas:

  • No hay razón alguna para ser reacios a compartir nuestro testimonio de Jesucristo.
  • La mano del Señor se manifiesta claramente cuando nosotros actuamos con rectitud en Su nombre.
  • No hay nada que se acerque en magnitud o majestuosidad al plan de redención y el recogimiento de Israel a ambos lados del velo.

Mientras caminaba hacia el aparcamiento al final del último día de la Feria, me percaté de una familia que se encontraba entre la multitud frente a mí hablando animadamente acerca de la experiencia que habían tenido en nuestro estand.

Me vinieron a la mente las palabras del presidente Russell M. Nelson:

“Los llamo para que ayuden a recoger al Israel disperso y a que preparen al mundo para la Segunda Venida del Señor. ¡Los llamo para que hablen de Cristo, testifiquen de Cristo, tengan fe en Cristo y se regocijen en Cristo!”1.

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Estoy agradecido por las muchas oportunidades que tenemos de hacer justamente eso.

En nuestra vida cotidiana, hay incontables influencias que compiten por nuestra atención que que pueden distraernos o incluso impedirnos participar en hacerlo. Si aceptamos ciegamente estas fuerzas, corremos el riesgo de ser apartados de forma imperceptible pero constante del campo gravitatorio del árbol de la vida y de su fruto, mientras que las fuerzas de atracción que proceden del edificio grande y espacioso aumentan su influencia en nosotros.

Nefi se hizo eco de forma inequívoca de las palabras de su padre, Lehi:

“Y grande era la multitud que entraba en aquel singular edificio. Y después de entrar en él nos señalaban con dedo de escarnio a mí y también a los que participaban del fruto; pero no les hicimos caso. […] Pues todos los que les hicieron caso se perdieron”2.

Cuidar de nuestro testimonio de forma consciente implica advertir de manera oportuna los cambios que se producen en estos campos gravitatorios a cuyos efectos nos vemos expuestos. ¿Me encuentro en el proceso de alejarme de los convenios que hecho con Dios, incluidos los del templo? ¿Me estoy volviendo negligente en el pago del diezmo o con respecto a otros mandamientos, en participar de la Santa Cena, guardar el día de reposo, hacer mis oraciones y en la manera en que nutro mi alma?

Es esencial detenernos de vez en cuando y hacernos algunas preguntas importantes: ¿Dónde me encuentro en el plan de redención? ¿En qué aspectos todavía me falta entendimiento? ¿Qué necesito que me aporte Jesucristo para obtener este entendimiento? ¿De qué debo comenzar a arrepentirme de forma inmediata?

Es importante tener en cuenta que la decadencia espiritual se acelera cuanto más nos alejamos de Jesucristo. Sin embargo, como contraposición a ese efecto, el progreso espiritual se acelera si nos arrepentimos diariamente y nos acercamos cada vez más a Jesucristo.

Una de las maneras más eficaces de conseguir esta mayor cercanía se encuentra, de hecho, en el consejo que nos ha dado nuestro profeta de volver a comprometer nuestras vidas a Jesucristo y testificar de Él. Al hacerlo con determinación, sentiremos de forma creciente el poder de Dios en nuestra vida. Recibiremos el consejo del Espíritu Santo y seremos cada vez más capaces de entender dicho consejo. Tendremos un sentido más amplio de pertenencia y a menudo nos asombraremos de la magnitud y el alcance eterno de esta obra.

Pero esto no es todo: sean cuales sean nuestras circunstancias, sentiremos cada vez más el amor de Dios y esto, a su vez, nos motivará a compartirlo con los demás. Recibiremos protección eficaz contra las fuerzas destructivas del mundo.

El trabajo en la Feria del libro fue agotador. Al final, todos nos sentimos agotados físicamente, pero bellamente despiertos en espíritu y llenos de gozo.


Notas

  1. Russell M. Nelson, “El Señor Jesucristo vendrá de nuevo”, Liahona, noviembre de 2024, pág. 122.
  2. 1 Nefi 8:33–34.