Voces de los Santos

El poder de la oración

La oración dejó de ser mi refugio ocasional y se convirtió en un espacio para descubrir la voluntad de Dios. Aprendí que el verdadero poder de orar no está en pedir respuestas que confirmen mis deseos, sino en escuchar, confiar y actuar conforme a las impresiones que Él envía.

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El poder de la oración

Durante mucho tiempo, fui de los que oraban ocasionalmente o solo cuando estaba completamente abrumado. La oración era mi último recurso. Con el tiempo comprendí que mi forma de orar limitaba el verdadero poder que la oración podía tener en mi vida.

Mi cambio comenzó cuando descrubría un principio enseñado por el élder David A. Bednar: “El objeto de nuestras oraciones no debe ser presentar una lista de deseos o una serie de peticiones, sino asegurar para nosotros y para los demás las bendiciones que Dios está ansioso por concedernos, de acuerdo con Su voluntad y Su tiempo”[1](“Pedir con fe”, David A. Bednar, Liahona mayo 2008). Desde entonces, procuro que mis oraciones no sean para anteponer mi voluntad, sino comprender la de Dios.

 


[1] Pedir con fe

Élder Jeffrey Hernández Jeffrey Hernández
El élder Jeffrey Hernández Ospina, impartiendo una clase sobre el Evangelio de Jesucristo.

Aprendo de mis errores. Recuerdo que en una ocasión en la que debía tomar una decisión importante y, aunque era consciente de que lo sabio era buscar la ayuda del Señor, no consulté, pues tuve miedo de que la respuesta fuera un “no”. Muchas veces sentí la impresión de que debía orar, pero no lo hice. Asumí las consecuencias de mi mala decisión, lo que me ayudó a reconocer que me había faltado humildad para aceptar la respuesta que, en el fondo, sabía que necesitaba.

Hoy, mi forma de actuar es distinta.  Expreso gratitud, presto atención a los suaves susurros del Espíritu y a las impresiones que llegan a mi mente y actúo en el momento en que siento que debo hacerlo, aun cuando no comprenda el motivo.

Tal como enseñó el presidente Henry B. Eyring: “Con fe suficiente, pediremos instrucciones con la intención de ir y hacer lo que Él nos pida. Habremos desarrollado la fe para saber que lo que sea que Él nos pida, bendecirá a los demás y que podemos ser purificados en el proceso gracias al amor que Él tiene por nosotros”[1](“La fe para pedir y entonces actuar”, Henry B. Eyring, Conferencia General, octubre de 2021).

He aprendido que el verdadero poder de la oración no está solo en pedir, sino también en estar dispuestos a escuchar, obedecer y confiar en el Señor.

 


[1] La fe para pedir y entonces actuar