Mensaje de los líderes del Área

Dejen que el Señor lleve sus cargas

Siempre había sabido en teoría que el Señor puede aliviar las cargas de Su pueblo, y lo había visto en la práctica cuando los miembros de la Iglesia se ayudaban y se sostenían unos a otros.

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Elder Bernhard Cziesla Area Seventy, Germany

He leído muchas veces, y con gran deleite, los pasajes del Libro de Mormón que relatan la historia de Alma en las aguas de Mormón. Alma invita a los que están reunidos en las aguas de Mormón de una manera hermosa a ser bautizados(1). Un versículo dice: “Y ya que deseáis entrar en el redil de Dios y ser llamados su pueblo, y estáis dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras(2)”. Para mí, esto siempre había significado que nosotros, como miembros de la Iglesia de Jesucristo, ayudamos a aligerar las cargas de los demás. Más adelante, en el libro de Mosíah, el pueblo de Alma fue sometido por los lamanitas al cautiverio y fue gravemente afligido por los amulonitas, tanto así que suplicaron ayuda al Señor(3). El Serñor contestó sus oraciones y aligeró sus cargas(4).

Para mí, esta siempre ha sido una parte extraordinaria de la historia del pueblo de Alma. En el Evangelio de Mateo leemos: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas”(5).

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Siempre había sabido en teoría que el Señor puede aliviar las cargas de Su pueblo, y lo había visto en la práctica cuando los miembros de la Iglesia se ayudaban y se sostenían unos a otros.

Pero cuando, después de cinco años de enfermedad, mi esposa falleció de cáncer hace dos años, experimenté los días más oscuros y las horas más dolorosas de mi vida hasta ese momento. En esas horas y días, miembros de mi familia y de la Iglesia estuvieron a mi lado y me sostuvieron. Estoy agradecido a todos ellos. Para evitar estar solo en casa, utilizaba casi cada hora libre para prestar servicio en la Iglesia. Eso funcionó bien durante un tiempo, hasta que un domingo por la noche, regresé a casa después de una asignación de presidir una conferencia de estaca.

Aquella noche me embargó el dolor por la pérdida de mi amada esposa, con quien había estado casado muchos años. También me atormentaba el miedo al futuro, a la soledad, y una profunda tristeza y depresión. Durante cuarenta y ocho horas no pude trabajar, ni comer, ni salir de casa, ni hacer ninguna otra cosa. Entonces, cuando se volvió algo insoportable, recordé que Pablo dijo: “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir”(6), y también el pasaje de Mateo volvió a mí (6). En mi desesperación, sentí que me encontraba exactamente en ese punto y que necesitaba ayuda. Así que me arrodillé y ofrecí una oración, suplicando que mis cargas fuesen aligeradas, y luego ofrecí una segunda oración, suplicando que, por medio de la Expiación de Jesucristo se me aliviara la carga, para poder seguir adelante con mi vida. Después de esa segunda oración, sentí que me inundaba una gran paz. La oscuridad, la tristeza y el dolor que me rodeaban se desvanecieron. En lugar de oscuridad, mi entorno inmediato se llenó de una luz brillante y mis cargas fueron aliviadas de mis hombros. Momentos después, pude cumplir con mis deberes y tareas normales y lo hice con una oración de gratitud en el corazón. Después de haber visto y experimentado durante toda mi vida cómo la Expiación de Jesucristo limpia a las personas del pecado y las sana, finalmente pude experimentar por mí mismo que Su promesa de aligerar nuestras cargas es una manifestación más del poder expiatorio del Salvador. Él no solo ha sufrido por los pecados del mundo, sino que también ha llevado nuestras cargas y dolores, y nuestro sufrimiento(7).

Por tanto, testifico que sé que el poder de la Expiación de nuestro Señor es real, y que puede sanar, aliviar y brindarnos paz a cada uno de nosotros. “Si se sienten solos, por favor, sepan que pueden hallar consuelo. Si se sienten desanimados, por favor, sepan que pueden hallar esperanza. Si son pobres de espíritu, por favor, sepan que pueden ser fortalecidos. Si se sienten destrozados, por favor, sepan que pueden ser sanados”(7).


1. Mosíah 18:8–14

2. Mosíah 8:8

3. Mosíah 24:12–13

4. Mosíah 24:14

5. Mateo 11: 28–29

6. 1 Corintios 10:13

7. Jeffrey R. Holland, “Las cosas destrozadas pueden repararse”.