La hermana Carmen Vigo, profesora de la Universidad Brigham Young (BYU), llegó a España para dirigir los cursos semestrales que los estudiantes de esta universidad de la Iglesia recibían durante sus visitas a nuestro país. Aprovechando su estancia, quiso saber cómo funcionaría el Sistema Educativo de la Iglesia en España y organizó de forma experimental el programa de Seminario en algunas ciudades españolas.
Fue un privilegio formar parte del primer grupo de miembros de la Iglesia matriculados en aquel programa experimental en Madrid, donde, de 1973 a 1975, se impartieron los cursos de El Nuevo Testamento y La Historia de la Iglesia. Al tratarse de alumnos adultos, se explicó que, por edad, la inscripción natural correspondía al programa de Instituto, cuya implementación en España se esperaba con ilusión. Mientras tanto, se trabajó con los materiales de Seminario, aun cuando estos no siempre llegaban a tiempo. Eran los años en que el Comisionado de Educación era Neal A. Maxwell y su adjunto, Joe J. Christensen.
En 1970, la Iglesia comenzó a organizar el programa de Seminarios e Institutos fuera de los Estados Unidos. Joe Christensen viajaba por todo el mundo para establecer este programa del Sistema Educativo de la Iglesia[1]. Durante una reunión especial en la que Carmen Vigo presentó al hermano Christensen, quedó patente su dominio del español, el cual causó una excelente impresión entre los presentes.
Llegó el día en que Carmen Vigo debía regresar a los Estados Unidos. Ella se preguntaba: “¿Se perderá todo el trabajo hecho durante estos años para empezar el programa de Seminario en España?” A Carmen le comunicaron que su labor había sido solo un programa piloto y que España aún no estaba preparada para implementar el programa completo de Seminario e Instituto. Pero ella no estaba dispuesta a dejar que todo el esfuerzo y el sacrificio hechos para dar comienzo a esta obra se perdieran. Resultaba evidente que, fuera por la amistad de Carmen con el hermano Christensen o por la firmeza de su propio carácter, la continuidad del programa estaba asegurada, a pesar de todo.
En el verano de 1975, tras mi sellamiento con mi esposa, María del Consuelo Alcalá, en el Templo de Suiza, el presidente de la Misión de España, Robert V. Stevens, me convocó a una entrevista en su oficina. Allí me propuso un empleo parcial de dos horas diarias como responsable del Sistema Educativo de la Iglesia (SEI) en España y Portugal. Aquella oferta era una labor nueva y desconocida; el presidente Stevens aclaró que no era un llamamiento del sacerdocio, sino una oportunidad laboral, que se podía aceptar o rechazar. Aunque era un desafío considerable supervisar ambos países con una dedicación tan limitada, acepté la oportunidad con el firme propósito de trabajar para el establecimiento del programa.
[1] SEI: Sistema Educativo de la Iglesia, el organismo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que coordina: Seminario, Instituto, BYU–Pathway Worldwide, Universidades de la Iglesia (BYU, BYU–Idaho, BYU–Hawaii, Ensign College), Capacitación religiosa y programas de apoyo educativo.
En septiembre de 1975, comenzó el curso sobre el Libro de Mormón. Desde Salt Lake City se decidió dar una oportunidad a España, enviando a Madrid a Ken Myers, director del SEI de Europa, y a Dan Workman, administrador de zona, para formalizar el contrato de dedicación exclusiva para España y Portugal. Con solo 24 años, asumí la responsabilidad de iniciar esta apasionante aventura: viajar como profesional de la Iglesia para establecer el SEI en ambos países.
La primera reunión de capacitación se llevó a cabo en Suiza, junto al templo en el que me había sellado poco tiempo antes. Allí coincidí con profesionales de toda Europa y de África del Sur. El objetivo de aquella reunión suponía un horizonte emocionante y, a la vez, abrumador; sin embargo, significaba una responsabilidad que estaba dispuesto a asumir.
La semana de capacitación pasada en Zollikofen, Suiza, junto a David Cook (Gran Bretaña), Felice Lotito (Italia), Jorge Varela (Bélgica), Alain Paulus (Francia) y Don Harper (Sudáfrica), resultó ser una experiencia que permitió abrir las puertas a un ámbito de servicio totalmente nuevo. Aquella etapa se convertiría en una escuela de desarrollo fundamental, personal, eclesiástica, profesional y también académica, complementaria al desarrollo de la carrera de Ciencias de la Educación que cursaba por entonces.
Para 1975, el Sistema Educativo de la Iglesia (SEI) en Europa se encontraba en una fase inicial, con una estructura administrativa muy básica centralizada por Ken Myers desde Frankfurt, Alemania. En aquel entonces, los recursos de formación profesional eran limitados. El desarrollo del SEI en España y Portugal representaba un desafío considerable: con una organización aún por establecer, un presupuesto reducido y una incipiente estructura de liderazgo local, la gestión administrativa –incluida la distribución de materiales de enseñanza– se centralizó inicialmente en recursos personales, sentando las bases de lo que más tarde se convertiría en un programa consolidado.
En ocasiones, el material educativo para Portugal no llegaba directamente desde Salt Lake City, sino que se recibía en Madrid. Para asegurar su entrega, los manuales eran almacenados y trasladados personalmente, a menudo mediante viajes nocturnos en tren con destino a Lisboa. A la llegada a la capital portuguesa, la colaboración de los misioneros brasileños resultaba fundamental; ellos esperaban en la estación para trasladar la carga a la oficina de la misión y facilitar su distribución a las distintas ramas donde el SEI estaba implementado. La experiencia previa que estos misioneros tenían con el programa educativo fue una ayuda inestimable, ya que, además de su labor logística, servían como maestros de las clases.
Los viajes por España y Portugal se realizaban en tren durante la noche, en las literas de los compartimentos. Al llegar a destino, tras el aseo necesario en las instalaciones del tren, el trabajo comenzaba de inmediato: con el maletín de materiales como única herramienta, el traslado entre diversas ubicaciones se realizaba mediante el transporte público, asegurando así que las visitas a las ramas se cumplieran según lo programado.
En la capacitación recibida en Suiza, se informó sobre la organización de lo que denominaron el Área Románica de Europa. Esta se dividiría en varias regiones dirigidas por coordinadores, abarcando Francia, España y Portugal, Holanda y la parte flamenca de Bélgica, Italia, y la zona de habla francesa de Bélgica. Como director del área, se nombró a Filippo Magistro, un italiano casado con una ciudadana estadounidense, quien residía en los Estados Unidos.
Esta estructura permitió trabajar con mayor eficacia gracias a la frecuencia de las capacitaciones, que se llevaban a cabo principalmente en Milán, lugar de residencia del director de área. Aquellas reuniones, celebradas en casa de Filippo, permitieron consolidar el trabajo administrativo, incluyendo la gestión financiera, las conciliaciones bancarias y la administración del presupuesto. Resultaba evidente que el SEI en Europa empezaba a desarrollarse y a fortalecerse, lo cual permitió que la labor organizativa fuera cada vez más fluida y gratificante.
Con los años, se fueron contratando más coordinadores en España y Portugal, y el SEI creció hasta convertirse en lo que es hoy: un programa que ayuda a cientos de jóvenes matriculados en Seminario e Instituto en ambos países, fortaleciendo su fe en Jesucristo y su compromiso con el evangelio.