De tal manera amó Dios al mundo

Mensaje de los Líderes del Área

pesebre y sepulcro vacío

Una de mis tradiciones personales durante las semanas previas a la Navidad es escuchar “El Mesías” de Georg Friedrich Handel mientras me dirijo al trabajo. Este oratorio consta de tres partes y presenta la historia de la salvación cristiana, comenzando con las revelaciones sobre Jesucristo que se encuentran en el Antiguo Testamento, Su vida como cumplimiento de esas profecías, Su nacimiento, Su muerte en la cruz y luego, Su Segunda Venida. Un pasaje central del Mesías nace de ponerle música a determinados versículos de Isaías 9. Destacan algunos principios importantes, sobre todo los siguientes:

1. Todos nosotros caminamos en la oscuridad a veces; en Cristo encontramos la luz

“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; a los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos” (Isaías 9:2).

Todos experimentamos épocas de oscuridad y desafíos, y el año pasado se caracterizó por dificultades muy especiales. Muchos experimentaron lo que es sentir la soledad y tener miedo del futuro. El nacimiento de Cristo nos da esperanza. En Cristo encontramos la luz incluso cuando todo lo que nos rodea parece oscuro. Él es la luz del mundo y puede ser una luz para cada uno de nosotros si tan solo seguimos Su luz (véase “Jesús es mi luz”, élder Quentin L. Cook, Conferencia General de abril de 2015).

2. Hallamos el verdadero gozo en el mensaje de Jesucristo

“Multiplicaste la gente y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se regocijan cuando reparten el botín” (Isaías 9:3).

A veces, mis colegas y miembros de la Iglesia me preguntan por qué soy una persona feliz. En mi vida, también experimento desafíos, y no todo sale como me gustaría o como espero. Sin embargo, por medio de Cristo, podemos tener una perspectiva eterna y los aparentemente grandes desafíos pueden parecer muy diferentes desde esa perspectiva. Su evangelio, Sus buenas nuevas de gran gozo, nos muestra que las tinieblas siempre van seguidas de la luz y que Su gracia es suficiente para todos nosotros (véase 2 Corintios 12:9). ¡Cuánto gozo me brinda!

3. En Cristo podemos encontrar fortaleza; Él da respuesta a las preguntas esenciales de nuestra vida

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado estará sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6).

Ciertamente Cristo es un admirable consejero. Utilicemos este don cuando nos sintamos inseguros, intentemos realmente “Escucharlo” (véase el discurso del presidente Russell M. Nelson, “Escúchalo”, Conferencia General de abril de 2020). Él es nuestro Salvador y Redentor no solo para la eternidad, también puede ayudarnos en nuestra vida diaria. Alma describió que Él “saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y […] [t]omará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo […], para que sus entrañas sean llenas de misericordia, […] a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las debilidades de ellos”. (Alma 7:11,12) ¡Siempre podemos confiar en Jesucristo!

4. Cristo es el Prícipe de Paz; en Navidad, para nosotros, Él debería ser el centro

“El aumento de su dominio y la paz no tendrán fin, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre”. (Isaías 9:7)

Cristo es el Príncipe de Paz. Cuando nos esforcemos por buscar Su paz en nuestros hogares durante la época de Navidad, nuestra Navidad no solo será maravillosa, sino que se convertirá en una fuente de fortaleza espiritual.

El élder Uchtdorf describió este principio muy acertadamente: “A veces, parecería que nuestro empeño por tener una Navidad perfecta es similar al juego que se llama Jenga, se juega con pequeñas tablitas que se apilan de forma precaria hasta formar una torre. Al tratar de aumentar la altura de esta, hay que quitar una de las tablitas para colocarla encima de la inestable estructura.

Cada una de esas tablitas es un símbolo de los acontecimientos navideños perfectos que tan ansiosamente deseamos tener. Nos hemos formado una imagen mental de cómo debe ser todo; el árbol, las luces, los regalos y los acontecimientos familiares perfectos. Quizás hasta queramos recrear algún momento mágico que recordamos de Navidades pasadas, y no nos conformamos con nada menos que la perfección.

Tarde o temprano sucede algo desagradable. Las tablitas se derrumban, las cortinas se incendian, la comida se quema, el suéter es de otra talla, los juguetes no tienen pilas, los niños pelean, la presión aumenta y la Navidad perfecta que habíamos imaginado, la magia que habíamos intentado crear, se hace añicos a nuestro alrededor. Como resultado, la época navideña se convierte en un tiempo de estrés, ansiedad, frustración e incluso hasta de desilusión.

Sin embargo, si estamos dispuestos a abrir el corazón y la mente al espíritu navideño, reconoceremos hechos maravillosos a nuestro alrededor que nos harán poner atención en lo sublime. Por lo general se trata de algo pequeño, leemos un versículo de las Escrituras, oímos un sagrado villancico prestando verdadera atención a la letra; o presenciamos una expresión sincera de amor. De una u otra manera, el Espíritu nos toca el corazón y vemos que la Navidad es, en esencia, algo mucho más sólido y perdurable que la infinidad de objetos insignificantes con que solemos adornarla” (Élder Dieter F. Uchtdorf, “Devocional de Navidad de la Primera Presidencia”, 2011).

Todas estas experiencias especiales que relacionamos con la Navidad son una expresión del amor que Dios nos tiene y que puedo sentir una y otra vez, sobre todo durante la época de Navidad:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16)

Recordemos este año, en esta temporada de Navidad, aquello que más importa: ¡El amor que Dios tiene por cada uno de nosotros!

Élder Michael Cziesla
Élder Michael Cziesla, Alemania Setenta de Área